Allá por 2014 y en pleno auge del clickbait, el satírico The Onion lanzaba un sitio web llamado ClickHole, que parodiaba a los sitios web que utilizan el clickbait como Upworthy y Buzzfeed. Ese mismo año Facebook, el “enemigo público número uno del periodismo”, según afirmaba esta misma semana Roy Greenslade en The Guardian, comunicaba que iba a tomar medidas contra esta lucha “fácil” por el click, basándose, entre otros parámetros, en el tiempo que cada usuario pasa en una página tras clicar en un enlace.

Cómo cualquier otro sector con base tecnológica, el periodismo y los periodistas necesitan más y mejores métricas para entender a su audiencia, a quien se deben en última instancia. El análisis de datos bien empleado puede -y debe- suponer un salto cualitativo (mejores contenidos) y cuantitativo (más ingresos por publicidad y suscripciones), pero a todos se nos vienen a la cabeza multitud de ejemplos en el último lustro en los que esa presión por el clic ha degenerado en menos y peor información.

El efecto Buzzfeed ha hecho que multitud de medios antaño respetables, se hayan vendido, de una forma u otra, a su panel de control. No hay más que echar un vistazo a las ‘top stories’ de la inmensa mayoría de grandes cabeceras de cualquier país occidental para comprobar que, donde antes había una mezcla de información+investigación u opinión, ahora nos encontramos sensacionalismo. Eso sí, con una maquetación, redacción y usabilidad que pretenden hacer pensar al lector que lo que está leyendo es algo realmente relevante.

El dilema

Recuerdo leer hace tiempo una entrevista de Jot Down con Angels Barceló. Le venían a preguntar qué opinaba de la “telebasura”. Barceló daba una respuesta que puede parecer obvia, pero que es a su vez muy elocuente: “dejen de ver telebasura y dejarán de ponerla”.

Cuando un contenido aparece entre lo más visto de este u otro medio generalista, o de cualquier otro tipo, aparece ahí porque muchos hemos clicado, porque hemos caído en ese cebo de clics. Y eso, a un periodista al que su responsable de sección le está apretando, puede generarle un estrés y unas dudas muy importantes. Podría pensar: “sé que lo relevante es lo que está ocurriendo con los refugiados, con las presidenciales de EEUU, etc.. Pero oye, que han roto Brad y Angelina, habrá que hacer algo”. En este magnífico contenido de The Next Web se meten a fondo en este dilema.

Yo mismo me vi en esta situación más a menudo de lo que me gustaría en mi etapa al frente de hablatumusica.com, cuando comprobábamos que cualquier artículo que llevase el nombre de una ‘celebridad’ en el titular hacía saltar por los aires nuestros datos de tráfico. Algún día os contaré en profundidad cómo afrontamos esto y qué hicimos para tratar de darle la vuelta con un nuevo enfoque (sin perder tráfico ni pervertir nuestra línea editorial).

La importancia de los suscriptores

Parece una obviedad, pero no se dice a menudo: Sigue habiendo una cantidad muy importante de la audiencia que sigue interesada en contenidos de calidad, en profundidad, hechos con rigor y que fomenten el pensamiento crítico. Los editores que se arriesgan, tienen una línea editorial clara y apuestan por ella no siempre pierden. En España tenemos un ejemplo muy claro.

eldiario.es presentó el pasado día 19, en un nuevo ejemplo de transparencia, las cuentas de su cuarto aniversario. En ellas, como cada año, vuelve a aparecer un dato muy relevante en el caso que nos ocupa: 541.721 euros de un total de 1.727.084 euros en ingresos corresponden a las cuotas que pagan sus casi 20.000 socios. Ello contribuye enormemente, como indica el propio Ignacio Escolar, a su “independencia editorial”. La solvencia económica te hace no depender tan en demasía de la publicidad, lo que a su vez te da libertad para publicar lo que quieras y cómo quieras.

El efecto Buzzfeed ha hecho que multitud de medios antaño respetables, se hayan vendido, de una forma u otra, a su panel de control.

Mientras los medios siguen explorando nuevas vías, el dilema sigue vivo. Para acabar con un poco de humor, que a menudo es la mejor manera de definir una situación, esto, imperdible, de John Oliver.


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