No sé cocinar ni creo en Dios. Messi, si acaso. La cosa es que este sábado, de madrugada, estaba leyendo un artículo acerca de la influencia del clima en el estado de ánimo y el desarrollo de las naciones. Últimamente tengo una vida trepidante. En algún momento se me vino a la cabeza este titular y, a partir de ahí, el batiburrillo para tratar de justificar este innecesario artículo. Últimamente casi siempre suelen ser una mezcla de ideas. Más o menos conexas. Más o menos justificadas. Más o menos coherentes para ti, querido lector.

En cualquier caso, y más allá de una injustificada-pero-justificada intro, este texto que estás leyendo tiene detrás más de lo que pueda parecer de un simple vistazo. Más concretamente, dudas. Las que te generan los años. Escribí acerca de contenidos que sí-pero-no, tenía notas que relacionaban dog-eat-dog y Snapchat; me sumergí durante unas horas en el universo de los dark patterns. También en el de la privacidad diferencial. Me duró poco. Finalmente, esto es lo mejor que te puedo ofrecer. Va a ser corta y a pie, como le gustan a Lio. Así que vamos allá.

La ideología neoliberal tiene dos máximas que se repiten en el tiempo: una es la de la negación del conflicto; la segunda, la de la cultura del esfuerzo. Aquella que insiste en que, si quieres, puedes. En que todos somos iguales. Pero, sorpresa: no es cierto. Más allá del determinismo, esto también es traspolable, en cierta medida, al mundo laboral. No todo el mundo vale para todas las profesiones. Independientemente de estudios, másteres, etc., el individuo necesita lo innato y el contexto para ser exitoso en su anhelo.

Apuntaba hace unos días Sergio del Molino en una columna en El País a propósito de After Life de Ricky Gervais que, para narrar un duelo, hay que velar antes un cadáver. Y no le falta razón. De ahí el título de este texto y de ahí, también, la reflexión que sigue.

Elige -bien- a tu equipo. No contrates -solo- por estudios, o por simpatía. Tampoco te vayas al nepotismo. Si buscas un genio de los contenidos, busca alguien creativo, con imaginación. Con un pasado entretenido. Alguien para redes: sociable; un buen analista: metódico; alguien para PR: con mano izquierda. ¿Un buen creativo? Busca una botella de Cutty Shark en su perfil de Instagram. Busca a Don Shirley.

Una reciente publicación de Harvard Business Review acerca del análisis de datos, apuntaba que ciertos equipos necesitan generalistas, no especialistas. Cuando sabes qué quieres producir, necesitas especialistas. En cambio, si necesitas aprender y no puedes diseñar por adelantado, necesitas generalistas. Y es que, a veces, la búsqueda de talento y la conformación de equipos no es algo tan obvio como puede parecer.

Cuando filtres un candidato, no esperes que el que mejor redacte sea el licenciado en periodismo. Piensa en un intrépido lector. Un viajante. Alguien a quien la vida haya puesto a prueba. Y que ponga el punto fuera de las comas. Si cumple esos requisitos -probablemente- escribirá algo mejor que esto.