El mítico Javier Cansado a menudo apunta, medio en broma medio en serio, que si recordase todo lo que en su momento leyó o aprendió, sería un genio. Él ya lo es y, yo, que ni aún recordando el doble de lo que aprendo lo sería, comparto algo con él: mis recuerdos se diluyen en el tiempo. Como el azúcar en el agua. Como los de todos nosotros. Me pasa esto con una anécdota cinematográfica que -creo- erróneamente tiendo a atribuirle a Sergio Leone.

En mi memoria, en los inicios del bueno de Sergio, mientras buscaba financiación para una de sus primeras películas, algún productor le vino a decir algo así como: “Pero tú qué sabes hacer”, a lo que él contestó: “Soy director de cine”. El productor, con el dinero por delante, le replicó: “Eso ahora lo veremos”. Sé que la anécdota no es exactamente así, pero algo parecido le escuché hace tiempo al gran Rodrigo Cortés y me sirve para introducir este texto. Ya sabéis: que una memoria de mierda no te arruine una “buena” intro. 

Contenidos homeopáticos

Muy estudiados están a estas alturas conceptos como “infoxicación”. El “productor”, en su momento, podía estar dándole a entender a Leone que estaba bajo el denominado ‘Efecto Dunning-Kruger’, un sesgo cognitivo según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo así incorrectamente su habilidad por encima de lo real. El “productor”, en este caso, se equivocaba, si bien una parte importante de la sociedad si está bajo este efecto en una amplia variedad de temas. 

Muchos de nosotros devoramos titulares, leemos en vertical y nos “informamos” en pseudo-medios. Las consecuencias de esto son, entre otras, conferencias, cenas o reuniones protagonizadas por personas teorizando sobre conceptos acerca de los que en realidad no entienden absolutamente nada. Personas que consumen contenidos que creen les aportan conocimiento pero que en realidad no lo hacen. Son contenidos homeopáticos ©. Y ya están entre nosotros.

El también estudiadísimo FOMO nos lleva a consumir todo tipo de contenidos sin pararnos a profundizar en nada o casi nada. Sería interesante hacer un estudio, ya no entre la población general, sino entre profesionales con una relación cercana a la tecnología pidiéndoles, de imprevisto, que definan conceptos tan “sencillos” y “conocidos” como Inteligencia Artificial, Blockchain o Interfaz de Usuario. Probablemente, las conclusiones que sacariamos serían algo parecido a un páramo. A una broma.

La industria de los expertos promociona habitualmente a gurús que saben de todo y opinan de cualquier cosa. Cuestiones complejas que requerirían una vida entera de estudio pero que cientos de nuestros coetáneos aprenden en una semana. Listos para la siguiente clase. La siguiente reunión o conferencia. Se le atribuye a Charles Darwin la frase: “La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento”.

Necesitamos parar. Reflexionar sobre nuestro futuro. Nuestra sociedad. Nuestra tecnología. Necesitamos, pues, más especialistas y menos expertos. Más pensadores y menos gurús. Más contenidos de calidad y menos basura empaquetada por el periodista que ha estado esa mañana en una cafetería leyendo sobre el término de moda y que, ahora, va a explicártelo. Siempre me fiaré antes de Javier Cansado que de Enrique Dans. Necesitamos gente que dude. De ahí la nace la innovación.

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